No somos nada

La muerte del capitán Kirk me obsesiona.

No soy tan viejo como para recordar el primer episodio de Star Trek. De hecho no soy tan viejo como para recordar ningún episodio de Star Trek, así que no sé mucho de la serie. Pero una cosa sí sé: el capitán muere en el primer episodio. Y su orejudo amigo y los demás también. En el resto de la serie solo salen sus clones. Que mueren y son reconstruidos una y otra vez en cada episodio. Star Trek es una carnicería: cada vez que viajan en la máquina teletransportadora, la máquina les deshace y los mata, y en el lugar de “destino” la máquina construye una copia exacta de ellos. Es horrible.

Ahora ya sabe que si usted se subiera a esa máquina moriría al instante, y en otro lugar la máquina construiría un ser igual que usted y que creería que es usted. De hecho todo el mundo creería que es usted. Pero usted estaría muerto y ese clon simplemente le suplantaría. ¿Por qué? Porque usted ES su cerebro, y un cerebro reconstruido con exactamente la misma forma y conteniendo exactamente la misma información NO es usted. Es una COPIA de usted, aunque sea perfecta. Usted ES su cerebro, o, por hilar más fino, la información que hay en él.

Sí, el cerebro es una estructura física que contiene información. Pero solo eso: una estructura física. Hoy en día no podemos hacerlo, pero entra dentro de lo plausible que en el futuro podamos construir artificialmente máquinas que imiten a la perfección el funcionamiento de un cerebro. Al fin y al cabo el cerebro es, como hemos dicho, solo una estructura física, y por lo tanto copiable. A partir de entonces podremos intruducir nuestro “yo”, la información, en un cerebro artificial y convertirnos en una máquina y…

Eh, eh, un momento. Habíamos quedado que “yo” soy MI cerebro. Sí, vale, usted puede copiar artificialmente mi cerebro y por lo tanto la información que hay en él, y hacer que una máquina lo imite y construir un robot, si le da la gana, y que se comporte como si fuera yo. Pero no soy yo. Es una copia. Usted no puede “chupar” mi información e “inyectarla” en una máquina. Solo copiarla. ¡Yo soy mi cerebro! Usted no me puede “meter” en una máquina a “mí”.

¿Seguro que no puedo?

Túmbese. Tranquilo, está usted en buenas manos. Ya sabe que puedo crear una máquina que se comporte como una copia de su cerebro a la perfección ¿verdad? Por lo tanto puedo construir maquinitas que se comporten como trocitos de su cerebro a la perfección. Ahora voy a dormirle. No va a sentir nada. Voy a extraer un trocito de su cerebro y lo voy a sustituir por una maquinita que es una copia artificial exacta del trocito que le extraigo. Despiértese. ¿Que tal se encuentra? Bien, ¿verdad? No nota ninguna diferencia: la maquinita es una copia perfecta. Duérmase otra vez. Sustituimos otro trocito. Despierte ¿Nota alguna diferencia? ¿No? Duérmase. Otro trocito. ¿Alguna diferencia? Duérmase. Otro trocito. Y otro. Y otro, y otro…

Despierte amigo. Ya no queda nada que sustituir. YA “ES” USTED UNA MAQUINA. Ya puede irse. No se olvide las pilas.

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Un pensamiento en “No somos nada

  1. Lo que dice es verdad si usted es su cerebro, pero no lo es si usted es la información de su cerebro. Porque si la información se copia íntegra -que lo aceptamos por hipótesis- esa información se conserva y, or lo tanto, usted se conserva.

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